Muchas historias conocidas dentro de la red: el pequeño Edgar, los experimentos de Mentos con Coca Cola, el entrañable Canaca... Sumemos uno más: Susan Boyle.

En las pasadas semanas, dentro del programa Britain's Gots Talent (versión inglesa de American Idol), se presentó, sin muchas expectativas, una mujer de pinta poco agraciada, que a través de su don del canto impresiona a propios y extraños.

Independientemente de lo que el show logra con estos milagros mercadológicos (completamente involuntarios, quiero creer), la proyección que recibe tanto el programa como el participante a través de YouTube es simplemente impresionante: en menos de 1 semana, más de 60 millones de vistas del video del casting de esta mujer, cuya vida ha cambiado para siempre.

Sí, internet lo hace bien, de nuevo. Blogs especiales para ella, más de 7 millones de fuentes diferentes en Google que hablan de este fenómeno...

Si intentásemos dar una explicación de esta causa/efecto, deberíamos hablar de timing: producto perfecto (bueno, más o menos), momento preciso, canal adecuado. El consumidor encuentra un satisfactor, y como buen agente viral, internet lo difunde al mundo entero.

Debemos trabajar más en este canal, eso es definitivo.